De Reynosa al DF. La narcoextorsión en los tianguis | El Blog del terror


De Reynosa al DF. La narcoextorsión en los tianguis



La Familia Michoacana y Los Zetas se disputan el mercado informal mediante el cobro de cuotas a los tianguistas a cambio de protección.


El tianguis de la colonia Martín Carrera.

“Traspaso puesto en el tianguis de Sullivan, es el de los sábados, ubicado en la avenida Sullivan, Colonia San Rafael, cerca del Monumento a la Madre y las oficinas de Teléfonos de México. Excelente oportunidad y ubicación; el lugar es de 2.0 m por 2.0 m. Tenía el giro de ropa, por motivos de trabajo foráneo ya no lo puedo seguir trabajando. Aprovecha la temporada que se acerca, excelentes ventas ¡garantizado! el precio de traspaso es de 45,000 a tratar”.
El anuncio en internet tiene tres números telefónicos; uno fijo, uno de Nextel y otro de un celular. Ya nadie los contesta. Los propietarios vendieron y se fueron. Era una pesadilla continuar con el negocio de la venta de ropa estadunidense adquirida en la frontera, mercancía por cuyo comercio en el Distrito Federal cobra una cuota diaria el cártel de La Familia Michoacana. No se quedan atrás Los Zetas, que de igual manera comienzan a hacer presencia en el poniente y en algunas áreas del centro de la ciudad sin que ninguna autoridad haya intervenido.
No porque no lo sepan: según evaluaciones de inteligencia de la policía federal y local, además del de Sullivan, con sus más de 700 puestos de fayuca, el tianguis de La Purísima, ubicado en Periférico y Eje 6 Sur, colonia Vicente Guerrero, en la delegación Iztapalapa, y el de colonia Campestre Aragón, ubicado sobre la avenida Francisco Villa, están bajo control de La Familia, al igual que los de Nezahualcóyotl y el de El Salado, también en Iztapalapa. Actualmente La Familia Michoacana y Los Zetas se disputan el tianguis de La Luz, en San Juan de Aragón, (Delegación Gustavo A. Madero), en donde éstos últimos tratan de expulsar a la competencia con la violencia que los caracteriza. Testimonios de tianguistas y del personal de inteligencia policial dan cuenta de ello: el nuevo territorio en disputa para los cárteles es el lucrativo negocio del comercio informal: la venta de ropa, de discos compactos, de películas en DVD, de chácharas electrónicas y de ropa deportiva.
MILLONES AL MES
El negocio es jugoso para sicarios, policías corruptos, operadores y pandillas que trabajan a nivel local bajo el cobijo de Los Zetas y de La Familia. Datos de la Secretaría de Desarrollo Económico del Distrito Federal (Sedeco) indican que actualmente existen mil 415 tianguis en diversos puntos de la capital, cuya regulación dejaría en las arcas del gobierno capitalino poco más de ocho millones de pesos mensuales solamente por el concepto de recaudación por uso del suelo. A esto hay que añadir los mercados sobre ruedas y los mercados públicos, de los cuales podrían recaudarse 24 millones 827 mil 500 pesos mensuales más, según la titular de la Sedeco, Laura Velázquez Alzúa.
En el tianguis de Sullivan, cada sábado grupos de cuatro hombres recorren cientos de puestos para cobrar entre 50 y 150 pesos a sus propietarios, como una “aportación” que les evitará problemas de seguridad. Los de 50 pesos son los que menos venden. Los de 100 o hasta 150 son los que tienen mayor clientela, mejor ropa o los que pertenecen a gente que tiene tres, cuatro o más puestos en ese sitio. En la capital la pesadilla del narcocobra forma así, extendiéndose en una red que comienza muchos kilómetros al norte.
Julieta, tianguista desde hace 15 años, relata que hace tiempo entró al negocio de la venta de ropa estadunidense comprada en Reynosa, Tamaulipas. La cosa se veía bien, pintaba para buenas ganancias. “Estábamos acostumbrados a darle su entre a los de la policía federal o a los de la estatal cuando nos veían llegar en camionetas o cuando paraban el autobús para “revisar” a los pasajeros. En realidad lo paraban para ver a quién le iban a cobrar por surtirse en el tianguis de Reynosa, la Jarachina, que es a donde llegan los trailers con montones de pacas de ropa gringa”.
Desde hace año y medio no son los policías federales, estatales o municipales los que les cierran el paso y controlan el movimiento en la Jarachina y en otros tres tianguis de Reynosa. Son los sicarios, la gente del cártel del Golfo (CDG), los que cobran derecho de piso, los que cobran por cada tráiler y cada paca cargada y descargada en la Jarachina, los que controlan la entrada de camiones y la salida a carretera de autobuses y tianguistas de todas partes del país que acuden a surtirse a ese lugar cada semana. Negocio constante, redondo y bajo control.
Es la gente del CDG la que maneja todo eso allá, dice Mariano. Pero la cadena de control, extorsión y cobro a los que no pagan o no le quieren entrar como se debe no termina ahí. El cártel no deja nada al aire.
DE LA JARACHINA AL DF
Además del tráfico de drogas, de armas, de dinero y de personas en la frontera norte, el cártel domina la extorsión a tanguistas y el movimiento de sus mercancías sin dejar cabos sueltos: sus operadores llevan un control minucioso de la forma en que se mueven los productos descargados en Reynosa.
La mercancía llega al tianguis de la Jarachina, ubicado en la colonia del mismo nombre, en pacas de 100 libras que entran por Nuevo Laredo, en una ruta que comienza en bodegas especiales localizadas en Dallas, Houston y Laredo en Texas.
Las pacas son tasadas en 400 dólares promedio (unos cinco mil 500 pesos) y revendidas a tianguistas del DF y de otros puntos de país a partir de ocho mil o nueve mil pesos como base. Mariano observa la avenida y revisa en cuestión de segundos la “pinta” de la gente que pasa junto a él. Mientas hablamos, checa que no se vean sospechosos o, peor aún, que no sean cobradores de Los Zetas. “Todo viene desde el norte y no se acaba con darle su lana a la gente de Reynosa”, explica. La cadena de corrupción comienza con los operadores de los autobuses, a los que cada viajero que va por ropa debe darles 200 pesos para que no delaten a los pasajeros diciendo que vienen del Distrito Federal. Una señal del chofer es suficiente para que los patrulleros dejen pasar al camión sin revisar a fondo a los que van en él; luego vendrá el moche de los conductores del autobús con la policía municipal, estatal o federal, según el caso. Pero pagarle a los cobradores del CDG es otra historia.
“Cuando vas para allá y les compras cinco, 10 o 20 pacas de ropa de la buena, o de la que sea, cada paca entre nueve y 15 mil pesos, te comprometes luego luego a decirles quién eres, de dónde vienes, cómo te pueden localizar y sobre todo, a quién le vas a vender si es que tu idea es colocar las pacas por tu cuenta, es decir, revenderlas cerradas para que otro tianguista las compre y las mueva por su cuenta”, continúa Mariano. “Les tienes que decir a quiénes les vendes las pacas que no vas a usar tú. Ellos anotan todo; tus números de teléfono, en dónde te localizan y también anotan los datos de tus compradores. Así tienen el control de todo, de lo que te venden y de a quiénes les vendes”, agrega.
El tianguis de Chalco. Foto: Jorge Alejandro Medellín
Mariano viaja cada 15 días a Reynosa en autobús. Va con otras 20 personas a surtirse de ropa de marca. Debe llevar una cantidad fuerte de dinero si quiere regresar con buena mercancía y sobre todo, sin problemas con la autoridad. Las pacas de 100 libras que compra en Reynosa, cargadas con 120 o hasta 200 piezas de ropa buena, le salen en nueve mil o 10 mil pesos. Las pacas con ropa de marca —Abercrombie, Adidas, Zara, Nike o Reebok— cuestan más caras. En esas se llega a gastar hasta 14 mil pesos o más. Una regla de oro, dice, es no pasarse de listo con la gente del CDG, porque “tienen visores, tienen quien revisa lo que compras y si quieres pasar más maletas de las que dijiste que habías comprado, te atoran”. A varios de los tianguistas que van desde el DF a Reynosa para surtirse en la Jarachina —tianguis creado en 1991 con 400 vendedores y que hoy cuenta con más de mil puestos— los han agarrado a “cachetadas” por querer sacar más maletas y pacas a lo vivo, cuenta Mariano.
“ÓRALE, YA VÁYASE”
“La otra parte viene cuando sales de Tamaulipas por las carreteras que van hacia Nuevo León. Si te para la policía estatal o la municipal y hasta los federales, lo único que tienes que hacer es decirles que ya te caíste con tu cuota, que ya pagaste piso al mero mero”.
—¿Quién es el mero mero?
“Uno que le dicen El Guacho y que recibe todo lo que se junta. Ellos te dan unos números de celular y unas claves. Si te paran nomás les dices que ya le diste la lana al Guacho y te dejan pasar, te dicen “órale, ya váyase”. Pero hay gente que no entiende o que cree que no quieres pagar y te atoran —continúa Mariano—. Ya nos ha pasado dos veces y lo hemos visto otras más, que la gente que lleva sus pacas y la paran le dice a los federales y estatales que ya le pagaron al Guacho; los polis no te creen y entonces les enseñas el celular y ellos ven el número y lo reconocen y no les queda de otra que dejarte ir, todos encabronados, pero así es esto. La otra bronca está aquí, en el DF —agrega el tianguista—. Lo más fuerte es en el de Moctezuma. Ahí llegan trailers y trailers cargados de ropa y tenis y zapatos, pero más de ropa. Llegan de madrugada y antes de las siete ya repartieron las pacas, ya cobraron lo atrasado y anotaron a los que compraron, cuánto compraron y a quiénes le van a vender”.
Los tianguistas entrevistados coinciden en que desde antes de la entrada de los cárteles el negocio ya venía en declive, pero ahora, con la llegada de Los Zetas y de La Familia a los principales puntos de venta en la capital, las cosas se han puesto peor.
Adolfo N, con 12 años en la venta de discos, de juguetes y de ropa en tres tianguis, no duda en decir que nunca había ocurrido algo así. En algunos casos, los representantes de líderes tianguistas les han dicho a los vendedores que mejor cambien de giro, que vendan otra cosa porque no hay forma de protegerlos y no hay manera de evitar que los “cobradores” de los cárteles les hagan algo si no pagan las cuotas: el asedio de los cobradores de La Familia Michoacana ha provocado reacciones violentas que casi termina en linchamientos. El pasado nueve de julio, comerciantes del tianguis que cada viernes se instala en la zona centro de Chalco detuvieron a dos cobradores de La Familia que ese día pasaban por tercera ocasión a cobrar cuotas atrasadas de los tianguistas. En una camioneta llevaban ya un cargamento de mercancía que acababan de “decomisar” a comerciantes que se negaron a pagar más cuotas por “protección”. Cuando los “cobradores” intentaron hacer su tercera ronda los tianguistas los sometieron: entre los reclamos y el hartazgo por las extorsiones comenzaron a golpearlos mientras otros 10 sujetos que venían con ellos escapaban abandonando la camioneta robada donde llevaban la mercancía. “Los vendedores dijeron estar cansados de las extorsiones a las cuales los someten unos 20 sujetos, varios armados, quienes cada semana cobran una cuota a cambio de no atentar contra su integridad física”, consignaban las notas de prensa del 10 de julio en las que se reseñaba la golpiza a Alexis Gabriel Hernández Ramírez y a Javier Roa González, ambos de 24 años de edad.
La extorsión en Chalco no sólo afecta a los tianguistas. En zonas urbanas “el crimen organizado recoge cuotas en mercados públicos, tiendas de abarrotes, tortillerías y cualquier negocio establecido”, añadían las notas.
El cinturón de fuerza creado por los sicarios y operadores de La Familia Michoacanaabarca ya cuando menos a 20 de los 125 municipios que conforman el Estado de México, como lo reconoció hace dos semanas la Agencia de Seguridad Estatal (ASE) en un informe dado a conocer tras las declaraciones del presidente Felipe Calderón vertidas en el Diálogo por la Seguridad convocado por el gobierno federal para revisar el tema del combate al crimen organizado. En ese encuentro, Calderón aseguró que su gobierno le va ganando la guerra a los cárteles del narcotráfico. Cuatro días después del pronunciamiento, la ASE dio a conocer un informe en el que advierte que “este cártel ha convertido a esta región en la mayor fábrica de anfetaminas”. El organismo de seguridad del gobernador priista Enrique Peña Nieto añadía que “durante este 2010, el avance de La Familia, antes replegada en el municipio de Tejupilco, se ha detectado en Nezahualcóyotl, Los Reyes La Paz, Tultitlán, Ecatepec, Cuautitlán Izcalli, Cuautitlán, Coacalco, Chalco, Xonacatlán, Toluca, Zinacantepec, Zumpango y Huehuetoca, entre otros, pues representan un mercado potencial para la venta y distribución de drogas ilegales para este grupo delictivo que utiliza así todos los servicios e infraestructura de las ciudades mexiquenses”.
El dato coincide con las estimaciones de analistas de las secretarías de Seguridad Pública federal y de la capital de país, quienes señalaron a M Semanal que la presencia de los cárteles de La Familia y de Los Zetas en el Distrito Federal es innegable. Ésta se extiende ya incluso al céntrico barrio de Tepito, donde además de mantener el control de la entrada de drogas y armas, se han diversificado a los cargamentos de ropa, de tenis, de aparatos electrónicos, de películas y de mercancía que viene de la frontera norte, advierten.


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