La Barbie: un capo de piel sensible | El Blog del terror


La Barbie: un capo de piel sensible


Tras su captura, el narcotraficante ha pasado horas muy incómodas en su encierro, sobre todo debido a su dermatitis. Pese a ello, no se ha acogido a los beneficios de los testigos protegidos, que aún le parecen pocos.

Edgar Valdez, La Barbie, se calza zapatos deportivos antes de su presentación a los periodistas el 31 de agosto pasado.

Edgar Valdez, La Barbie, se calza zapatos deportivos antes de su presentación a los periodistas el 31 de agosto pasado. Foto: Henry Romero/ Reuters

Edgar Valdez, La Barbie, se calza zapatos deportivos antes de su presentación a los periodistas el 31 de agosto pasado. Foto: Henry Romero/ Reuters
Edgar Valdez Villarreal, La Barbie, el narcotraficante a quien el gobierno acusa de ser uno de los pistoleros más sanguinarios en el país, tiene la piel tan delicada que ni siquiera puede utilizar ropa nueva. Estar detenido le significó renunciar por unos días a sus cuidados: dejó de usar cremas humectantes. En su presentación y durante los posteriores interrogatorios que difundió la Policía Federal, era evidente su urgencia por rascarse los brazos, la cabeza y la cara mientras luchaba contra las esposas que, como brazaletes, portaba en sus muñecas.

Tras haber ingresado en el Centro de Mando, el estadunidense pidió ropa. Tenía varios días con su camiseta verde. Los federales que lo resguardaban en su celda no entendían por qué, a pesar de la febril comezón, Valdez Villarreal se negaba a tomar un baño. Se imaginaron que era una persona sucia o que extrañaba su jacuzzi, y que no se conformaría con usar una regadera común. Estaban equivocados.

EN BUSCA DE AJUAR
El picor y la irritación en la piel no se le calmaron a Valdez luego de colgar el teléfono. Pero había esperanza. Desde Texas, su hermano le envió un abogado; el defensor subió a su camioneta Toyota y 50 minutos después estaba en el Centro de Mando. Hablaron de lo que interesa a un pez gordo y a un litigante con prestigio. La Barbie tocó un asunto que le estorbaba como piedra en el zapato: necesitaba ropa, crema, televisor, calzoncillos, un dvd, una Biblia y sandalias. Fue muy explícito en su solicitud: camisas marca Polo del diseñador neoyorkino Ralph Lauren.

Posteriormente, el grupo de abogados de La Barbie se desplazó de un lado a otro de la Ciudad de México. Primero visitaron la tienda Liverpool que está sobre avenida Insurgentes; allí sólo consiguieron algunas prendas. Después fueron a un Palacio de Hierro, donde compraron ropa muy parecida a la que portaba Valdez Villarreal cuando fue detenido: cada playera tipo Polo costó cerca de mil 500 pesos.

Pero no sólo recorrieron tiendas, sino también bancos. Tuvieron que acudir a tres sucursales para convertir los 10 mil dólares enviados desde Estados Unidos en pesos. Todo por las restricciones que impuso la Secretaría de Hacienda para el manejo de moneda estadunidense en México.

La Barbie recibió con gusto los pantalones de mezclilla y una piyama afelpada marca Nautica que le envió su hermano Abel desde EU, así como también una dotación de ropa interior Calvin Klein. Lo que más disfrutó, no sin algunos contratiempos, fueron las sandalias y el par de tenis Lacoste sin cintas. En la primera oportunidad no los pudo calzar: le compraron del número nueve. Los abogados regresaron a Galerías Insurgentes y pidieron calzado del número 11.

El detenido no sólo pidió marcas precisas, sino también fue claro en el manejo de su nueva vestimenta. Debían enviarla a la lavandería y perfumarla. La fragancia elegida fue de la casa alemana de moda Hugo Boss. En la tienda departamental donde la compraron había grandes carteles promoviéndola con el rostro de Orlando Bloom. Todo debía empaquetarse en bolsas de plástico para que no perdiera el aroma.

En la lavandería pensaron que se trataba de una broma; pero cuando recibieron el pago por adelantado y les entregaron el frasco de perfume, comprendieron que el asunto iba en serio.

Las celdas ubicadas en la parte baja del edificio de Seguridad Regional de la Policía Federal son frías. Previendo esto, los abogados acudieron al centro comercial ubicado en Reforma 222, construido hace unos años por Carlos Slim, y en la tienda Zara Home decidieron adquirir un cobertor de pluma de ganso para que su defendido no pase frío ni por ello se le irrite la piel. Escogieron uno negro atigrado y también una almohada, también un jabón y una crema humectante marca Dove, así como un par de sandalias color negro marca Lacoste.

La Barbie midió sus riesgos. Las rega- deras ajenas, que ahora estaba obligado a usar, no le daban confianza y más bien le provo- caron repulsión. Odiaba la idea de contraer una infección en los pies y no tocó el agua hasta que llegaron sus flamantes sandalias de diseñador. Terminado el baño se embadurnó de crema desde los pies hasta la cara. Y es que desde hace años sufre dermatitis y con frecuencia su piel tiene el color de un camarón. Pero ya no: de nuevo, como durante la presentación a medios de comunicación, La Barbie volvió a sonreír.

Cuando cumplieron sus caprichos, los policías entendieron que ese hombre que sembró respeto por medio del terror tiene la piel sensible.

ARRAIGO VIP
El pasado 30 de agosto Edgar Valdez Villarreal, uno de los principales operadores del cártel Beltrán Leyva, fue detenido en el Estado de México y presentado a los medios de comunicación. Dos veces los fiscales de la Subsecretaría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO) intentaron arrancarle una declaración a La Barbie. Primero los federales; después los marinos lo llevaron en helicóptero hasta la Procuraduría General de la República (PGR). El estadunidense no se dobló y siguió sin contestar las preguntas del Ministerio Público. Sin declaraciones de por medio las autoridades pusieron en marcha un plan B. En el juzgado especializado en cateos, arraigos e intervenciones telefónicas se firmó la autorización para arraigar otros 40 días a Valdez Villarreal, cuando el primer plazo aún no vencía. A la una de la mañana del viernes ocho de octubre un agente federal llamó a la puerta de su celda para notificarle que no abandonaría el Centro de Mando.

No todos los acusados por delincuencia organizada son detenidos en el cuartel de la Policía Federal. Sólo quienes tienen detrás una estructura fuerte, como para ser candidatos a un rescate a sangre y fuego, son enviados a este lugar por razones de seguridad, argumentan las autoridades. Vicente Carrillo Leyva, hijo de Amado Carrillo, el extinto líder del cártel de Juárez, también fue internado en el centro policial. Otro fue Sergio Villarreal Barragán, El Grande, antiguo compañero de Valdez Villarreal y a últimas fechas rival en asuntos de drogas.

El resto es detenido en el Centro Nacional de Investigaciones (CNI), un viejo hotel donde convivían las prostitutas y los matachines de la colonia Doctores, ahora resguardado por infantes de Marina. Si La Barbie estuviese arraigado en este sitio, seguramente ya hubiera pedido a gritos que lo extraditaran a Estados Unidos. Pero no corrió la suerte negra de Ramón Ayala o de Lupe Tijerina, que debieron hacerse más viejos en ese hotel.

Durante su vida, la ropa de marca ha acompañado a Edgar Valdez. El 30 de agosto se encontraba dentro de una casa que rentaba en el municipio de Lerma, Estado de México. Al levantarse se vistió con una camiseta color verde con el logotipo Polo en el pecho y la leyenda London al centro. La prenda que utiliza la selección nacional de polo de Inglaterra es una de las favoritas del pistolero.

Las personas arraigadas pueden tener objetos personales en su lugar de confinamiento. Ropa, libros, revistas, películas y televisores pueden ingresar en el CNI, aunque no se les permite ingresar comida ni objetos de higiene personal que les son proporcionadas en este lugar.

A diferencia de lo que pasa en la colonia Doctores, en el Centro de Mando de la Policía Federal los arraigados pueden darse gusto en la comida. Edgar Valdez extrañaba el sabor de un buen caldo de pollo caliente con zanahoria y papas picadas. Recordó la cocina de su casa cuando a su celda entró un policía con un platón humeante. También comió nueces, cacahuates, uvas, papaya, agua natural, jugos de fruta y dulces que le mandó su hermano desde el extranjero.

Cada 15 días lee revistas. Y aunque no es aficionado a leer libros sí es creyente, y tiene junto a su cama un ejemplar de la Biblia. En su reclusión Valdez Villarreal echa mano de un televisor de 28 pulgadas. No se autoriza introducir pantallas más grandes. Durante el día trata de sintonizar canales de televisión aunque la recepción de señal no es muy buena. Prefiere ver películas. Algunos estrenos que ha visto son Amarte duele, La Pontífice y la más reciente obra de Luis Estrada, El Infierno, donde se retrata la vida de los narcotraficantes en el norte del país. Pero se quedó con las ganas de tener una computadora y un celular: está prohibido ingresar estos objetos.

REENCUENTRO
El Grande y La Barbie eran los hombres de confianza de Arturo Beltrán Leyva, líder de la organización criminal que lleva sus apellidos. Trabajaron juntos para El Jefe de Jefes hasta su muerte. El primero creyó que Valdez había traicionado a su jefe al no darle apoyo durante el operativo que desarrolló la Marina en Cuernavaca; por su parte, La Barbie piensa que fue El Grande quien mandó matar a su jefe. A partir de eso comenzaron su guerra.

Villarreal Barragán nació en Torreón, donde logró el título de líder representando a los Beltrán. Se ganó fama en estados como Durango —donde existe un restaurante con su apodo y cuya propiedad le atribuyen—, Nuevo León, Sinaloa, Morelos, Sonora, Quintana Roo, Estado de México y Puebla, donde se le acabó la suerte. El 12 de agosto elementos de la Marina lo detuvieron. Después fue llevado a declarar a la SIEDO. De nuevo las autoridades decidieron arraigarlo y lo situaron justo en la celda contigua a donde se encuentra su enemigo Valdez Villarreal.

La Barbie notó que a su vecino en el Centro de Mando no lo visitaban. Sólo el abogado de oficio preguntaba de vez en cuando por él. También supo que El Grande declaró ante el Ministerio Público Federal y se acogió a los beneficios del programa de testigos de la PGR. Éstos también fueron ofrecidos al estadunidense.

El miércoles 13 La Barbie visitó nuevamente la SIEDO. Pasó dos días escuchando las propuestas de los fiscales para hacerlo entrar al programa de testigos protegidos. Querían que hablara de la información sobre la operación de los grupos criminales en México y sus nexos con funcionarios que hoy trabajan en el gabinete federal, a cambio de pocos beneficios. La ecuación no le cuadró a Valdez Villarreal. Era muy poco lo que ofrecían.

Unidos en la desgracia, La Barbie decidió enviarle a su vecino algo de su ropa, además de un cepillo y pasta dental. También incluyó para El Grande un ejemplar de la Biblia.
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