Masacres, sello de la casa | El Blog del terror


Masacres, sello de la casa


La semana del 22 al 28 de octubre horrorizó al país: siete matanzas –la mayoría de adolescentes y jóvenes– sumaron más de 60 cadáveres y el fenómeno ya ha llamado la atención incluso de las Naciones Unidas. Pero el sexenio de Felipe Calderón ha dado mucha más violencia y crímenes relacionados con el narcotráfico: no se olvidan los 24 cuerpos abandonados en La Marquesa, la masacre de Creel, los 12 policías decapitados en Mérida… y tal vez la tragedia más espantosa, la de los 72 indocumentados centro y sudamericanos fusilados en Tamaulipas en agosto pasado.

Ejecutados en Nayarit.


Los primeros cuatro años del gobierno de Felipe Calderón están marcados por la sangre de decenas de niños, adolescentes, mujeres y hombres asesinados por el crimen organizado en varios estados del país. La semana pasada Acapulco, Ciudad Juárez, Tijuana, Tepic, la Ciudad de México y Jilotlán, Jalisco, fueron escenario de varias matanzas que dejaron más de 60 cadáveres, de jóvenes la mayoría de ellos.
Mientras esto ocurría, Felipe Calderón dio una entrevista a la BBC de Londres en la que criticó a su antecesor Vicente Fox por "no actuar a tiempo" para combatir al narcotráfico; más tarde en el estado de Morelos declaró que la guerra que emprendió contra el crimen organizado "por desgracia" costará más vidas, pero que la llevará adelante "con todos sus costos, con todos sus riesgos".
El recuento de hechos sangrientos se inicia en Ciudad Juárez el viernes 22: un grupo armado disparó con fusiles de asalto contra los asistentes a una fiesta familiar en la colonia popular Horizontes del Sur. Las víctimas fueron 12 jóvenes y dos mujeres adultas.
La madrugada de ese mismo viernes en la zona rural de Acapulco fueron hallados los cuerpos de seis personas, atadas de pies y manos y con huellas de tortura.
En Tijuana 13 internos del centro de rehabilitación El Camino literalmente fueron fusilados el lunes 25. Un día después la ola de crímenes se movió a Tepic: 15 muchachos que trabajaban en un lavado de automóviles fueron ametrallados, en tanto que la noche del miércoles 27, en la colonia Morelos de la Ciudad de México 7 jóvenes fueron asesinados en la calle.
El jueves 28 cinco patrullas de la policía estatal que circulaban por un camino vecinal en el municipio jalisciense de Jilotlán fueron emboscadas por sicarios. El saldo fue de 9 uniformados muertos, 10 heridos y un desaparecido.
La actual racha de violencia es condenada por el representante en México de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Javier Hernández Valencia, quien en un comunicado pidió al gobierno de Felipe Calderón "redoblar esfuerzos y adoptar medidas eficaces para garantizar la tranquilidad de la ciudadanía, así como para investigar de manera pronta y diligente todos los sucesos con el fin de capturar, juzgar y sancionar a los responsables".
DESDE EL ARRANQUE
Pero los de la semana pasada, que cobraron más de seis decenas de vidas, no son los únicos hechos sangrientos de alto impacto que han marcado el gobierno de Felipe Calderón.
En el primer año de la guerra contra el narcotráfico se dieron casos como el asesinato del ex alcalde de Río Bravo, Tamaulipas, ex diputado federal y ex senador Juan Antonio Guajardo Anzaldúa, el 30 de noviembre de 2007. Otras cinco personas fueron ejecutadas con él: dos eran guardias proporcionados por la Agencia Federal de Investigación (AFI). Como candidato a la alcaldía de Río Bravo, Guajardo había advertido de los vínculos de algunos candidatos del PRI con el crimen organizado.
En Guerrero, los días 4 y 5 de mayo de 2008 dos hechos llamaron la atención sobre la movilidad de los grupos delincuenciales que operan sin ser detenidos por policías o militares.
En busca del ex alcalde y cacique de Petatlán Rogaciano Alba Álvarez unos 70 sicarios que viajaban en un convoy de camionetas acribillaron en la ciudad de Iguala a siete integrantes de la Unión Regional Ganadera, presidida entonces por Alba Álvarez.
El ex alcalde, que era su objetivo, no estaba entre los muertos, por lo que los pistoleros se enfilaron a la casa de Alba en Petatlán; ahí asesinaron a nueve personas, entre ellas dos hijos del cacique, y secuestraron a su hija.
Ese año, 2008, Guerrero padeció una violencia tan grande que ni el Ejército se salvó: el 21 de diciembre 8 militares y un ex jefe policiaco aparecieron decapitados en Chilpancingo; un narcomensaje dejado junto a los cadáveres advertía que por cada delincuente que las fuerzas federales ejecutaran, los narcotraficantes matarían a diez uniformados.
En Chihuahua el 16 de agosto de 2008 ocurrió una de las más estremecedoras matanzas de los últimos años. En la comunidad de Creel, en la Sierra Tarahumara, un comando asesinó a 13 personas –entre ellas un bebé de un año– que se divertían en una fiesta.
Después de cometer el multihomicidio, los sicarios presuntamente integrantes de La Línea salieron de la ciudad sin ser molestados por las autoridades, pese a que hacían alarde de las armas que portaban. Durante varias horas el sacerdote jesuita Javier Ávila fue la única persona que asistió a los heridos.
Tijuana fue escenario de otra danza macabra: el 30 de septiembre de ese año en dos terrenos baldíos fueron hallados los cadáveres de 15 hombres y una mujer, con edades que iban de 18 a 25 años. En uno de los lotes estaban los cuerpos de 12 de ellos y junto, una bolsa de plástico con sus lenguas. "Por bocones", decía una cartulina.
MASIVAMENTE
Pero aún faltaban hechos de crueldad extrema que horrorizaron al mundo: el 29 de agosto de 2008, 12 cuerpos decapitados, semidesnudos y amontonados fueron hallados en las inmediaciones de Mérida.
El 12 de septiembre, cuando todavía no se acababan de digerir las imágenes de los cadáveres de Mérida, otros 24 fueron tirados en un paraje cercano a La Marquesa, en el Estado de México. Todos estaban atados y tenían el tiro de gracia.
Se trataba de 24 hombres, aparentemente albañiles, originarios de Puebla, Guerrero, Veracruz y el Estado de México que vivían en Huixquilucan. Las investigaciones indicaron que el 10 de septiembre fueron sacados de sus viviendas por personas con uniformes negros y azules con las siglas de la AFI.
Esta tragedia fue opacada por otra más impactante. La noche del 15 de septiembre de ese año una multitud reunida frente al Palacio de Gobierno de Morelia fue blanco de un ataque –calificado de "narcoterrorismo" por especialistas como Edgardo Buscaglia–: presuntos integrantes de La Familia Michoacana hicieron estallar dos granadas de fragmentación entre la gente que acudía a la festividad del Grito de Independencia en la capital michoacana, dejando un saldo de 9 muertos y 132 heridos.
Durante todo 2009 tuvieron lugar numerosos ataques de los grupos criminales en bares y antros de ciudades de Jalisco, Coahuila, Chihuahua y Durango. Actuando en la impunidad los sicarios dejaron una estela de cadáveres.
PRESOS Y POLICÍAS
Los reclusorios no han sido ajenos a la guerra del narco. El 5 de marzo de 2009 en el cereso de Ciudad Juárez reos de la banda de sicarios llamada Los Aztecas, a las órdenes del cártel de Juárez, mataron a 20 e hirieron a 7 internos de las bandas de Los Artistas Asesinos y Los Mexicles, ligados al cártel de Sinaloa.
En la misma ciudad ese año hubo por lo menos cuatro matanzas en centros de rehabilitación. En septiembre testigos de dos de ellas en las que murieron 28 personas, narraron que en el centro El Aliviane, 18 internos fueron sacados de sus dormitorios para ser fusilados, en tanto que en el Anexo de Vida 15 hombres armados entraron por la fuerza y mataron a diez personas que se cruzaron por su camino.
En julio de 2009 Michoacán se volvió frente de guerra entre sicarios de La Familia Michoacana, Los Zetas y la Policía Federal. Sin duda el hecho más impactante ocurrió en el municipio de La Huacana el 14 de ese mes donde los cuerpos de 12 policías federales –11 hombres y una mujer– fueron apilados en un paraje al lado de la carretera a Morelia.
Con signos de tortura, los cuerpos de los federales estaban atados y amordazados, amontonados sobre leña y junto a ellos había un mensaje: "Vengan por otro, los estamos esperando".
En octubre de ese año, en el municipio guerrerense de Tlapehuala se encontraron los restos de nueve hombres que habían sido desmembrados, decapitados y colocados en 18 bolsas de plástico en la caja de un camión de carga abandonado.
Siete de las cabezas tenían el tiro de gracia y de acuerdo con los reportes periodísticos, los restos estaban acompañados de narcomensajes firmados por El Jefe de Jefes Arturo Beltrán Leyva.
EL NUEVO OBJETIVO
El 30 de enero de 2010, jóvenes de Ciudad Juárez que se divertían en una fiesta en el fraccionamiento Villas de Salvárcar fueron atacados por un comando: 17 muchachos murieron.
A pesar de que la ciudad fronteriza está llena de fuerzas federales, los familiares de los asesinados afirman que la ayuda solicitada nunca llegó para auxiliar a los heridos y que los sicarios no fueron buscados. Mientras, desde Tokio Felipe Calderón declaró que se trataba de "un ajuste de cuentas entre pandillas".
Exactamente la misma noche de la matanza de Salvárcar 10 muchachos de entre 19 y 25 años que departían en El Ferri, un bar de Torreón, fueron asesinados por cuatro hombres armados con rifles de asalto.
El 28 de marzo de 2010, 10 personas de entre 8 y 21 años murieron acribilladas en Pueblo Nuevo, Durango: un grupo armado detuvo una camioneta en la que viajaban 12 personas, del vehículo bajó a dos mujeres y al resto de los pasajeros los atacó a tiros y con granadas de fragmentación.
LA TRAGEDIA MIGRANTE
Mientras la espiral de muerte sigue cobrando cientos de víctimas en entidades controladas por los cárteles del narcotráfico, en agosto de este año un acontecimiento –con un móvil distinto, el secuestro de indocumentados centro y sudamericanos, pero con los mismos verdugos– horrorizó al mundo.
En un paraje del municipio de San Fernando, Tamaulipas, se descubrieron los cuerpos de 72 migrantes asesinados. Todos estaban secuestrados, a merced de presuntos zetas que les exigían dinero para ser liberados o, en su defecto, unirse a la banda criminal, según narró uno de los sobrevivientes. Ante la negativa a unirse al cártel, los indocumentados fueron fusilados.
Frente a los innumerables hechos sangrientos que forman parte del día a día de México, la última semana de octubre la muerte violenta de muchos jóvenes indefensos volvió a conmover a una nación que ha sido testigo de una guerra que suma ya más de 28 mil víctimas, mil 200 de ellas menores de edad sólo en Ciudad Juárez, según informa el Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria.
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